Bonus post.
Hay momentos en la vida, cosas o situaciones que forman una vértice en tu camino y cambian de rumbo tu vida.
Eso me sucedió a mí hace algunas noches: tuve un reencuentro con los jueguitos de fichas.
Recordé lo que era la emoción, la dedicación, el cansancio (visual) y la satisfacción de la victoria.
De pronto, cuando terminó, el mundo a mi alrededor ya no era el mismo.
Quería más.
Había desarrollado una especie de amor enfermizo por aquel juego.
Ya no quería despegarme de él. Quería abrazarlo, no soltarlo, llenarlo de besos. Se sentía una especie de calor acogedor por todos lados.
Es extraño, pero eso sucede.
Y me doy cuenta que ya había pasado antes.
Entonces me preguntó, ¿es un patrón en mí?
He allí el punto de partida, o la curva del camino.
Ahora pienso y pienso (bueno, eso no es novedad).
Han nacido nuevas mariposas, nuevos "sueños", una nueva sensación.
Algo que no es fácil desligar, ni tampoco quisiera hacerlo.
Pensarán que estoy loca; pero, si a estas alturas del blog no han pensado eso de mí, entonces ustedes son los locos.
Y como para terminar con broche de oro, vincularé este post a la canción que estoy escuchando en este momento.
(¿Por qué? Simplemente porque sí; porque me gusta y la recuperé después de mucho tiempo)